
Una voz te levanta ante tu corazón destruido, derritiéndose en el suelo de tantos golpes; una furia repentina al ser masacrado por tu oponente te hace lanzar ese último puñetazo, ese negarse a caer, ese orgullo que te impulsa ante la derrota, ese espacio en el cargador del revólver mientras juegas a la ruleta rusa. La salida ante lo inminente, la maldición sobre tu cabeza no impide soñar con un último truco del mago, un puto conejo que te desligue de lo inevitable.
Pensó eso con ella bajo su peso, pues había logrado someterla totalmente. El pasamontañas en su cabeza
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